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Chuck Berry Me enseño Tango

CHUCK BERRY, EL TIEMPO Y EL ARTE

Chuck Berry salió al escenario.
Tenía una camisa roja brillante y una boina marinera.
La espalda muy doblada y las manos robustas y venosas.
88 años .
El anciano Chuck Berry haciéndose cargo de la adrenalina de 10000 espectadores con el pelo alborotado.
El show empezó muy bien. Músicos de ley! La sabiduría del rock de pie.

Lamentablemente en menos de un minuto sobrevino el trago amargo: en el primer acorde de Chuck Berry percibimos que su guitarra había perdido el rumbo totalmente. Chuck era un anciano y lo que su camisa intentaba refractar su música nos lo comunicaba dramáticamente.

Las palmas empezaron a aminorar rápidamente. Algunos fanáticos fieles seguían arengando pero lejos de ayudar aumentaban el clima de patetismo.

EL IDOLO CHUCK BERRY DESNUDO ANTE LA MASA

(Por favor que esto no esté pasando).
Chuck no te mueras! Si vos caes que nos espera a nosotros. Chuck que no mueran tus manos! Tus manos deberían ser inmortales!

De pronto estoy en el Luna Park y Chuck Berry me está enfrentando con el miedo mas profundo: la decadencia del cuerpo y por lo tanto la decadencia del artista que trabaja con su cuerpo.

Cuantas veces me he preguntado como irá cambiando mi Tango y mis recursos a medida que pase el tiempo. Como decir lo que quiero decir cuando mi cuerpo ya no pueda expresarlo. He visto bailarinas en una lucha quijotezca contra el tiempo. Se que no quiero eso para mi. Pero tampoco quiero (no puedo, en realidad) dejar de expresar el tango.

Como es posible que por simple biología la metáfora del artista desaparezca?

El ciclo de la vida imperando sobre el talento del artista. TERRIBLE.

Todas estas preguntan giraban en mi cabeza.
A esta altura del show me sentía algo mareada.
Hubiera preferido escabullirme cobardemente.

Creo que todos vivimos un poco negando nuestra muerte. Pero esa noche estaba asistiendo a un show ineludible sobre el paso del tiempo y la decadencia.

En la cuarta canción subió al escenario una mujer con una carterita colgada del brazo, como si acabara de pagar algo en el supermercado chino de la esquina. Era la hija de Chuck Berry y lo supe porque gritaba una y otra vez: Este es mi padre!, como si al afirmar eso lo defendiera de algo.

EL guitarrista también resulto ser el hijo de Chuck y entendí que toda una familia montaba su economía alrededor del ídolo ajado.

EL ARTE BATALLANDO (Y VENCIENDO)

A los 30 minutos del show y luego de varios traspiés quisieron afinar la guitarra de Chuck.
Me detengo un segundo aquí porque es importante que sepan que todo lo que escribí antes tiene solamente la función de describir el marco en el que yo me lleve una lección de vida.

Entonces mientras le afinaban la guitarra entre tres, casi como un acto performático, en medio de un publico dividido entre la piedad y el enojo, Chuck Berry nos miró y fue como si hubiera podido mirar específicamente a cada par de ojos, y dijo con voz alta y clara:

NO. No es la guitarra. SOY YO.

Silencio, (silencio en mi, silencio en todos, silencio)

El ídolo se inmolaba.
Un cristo del rock.
Toda su fragilidad en nuestras manos.
Los artistas son los únicos que se inmolan por el arte.

Este acto de sinceridad produjo un vuelco increíble.
La hija de Chuck dijo: bueno, a ver, si no podes tocar, que suban las chicas que quieran.
Surgían musas desde todas las butacas.
Chuck se dejaba amar, con una sonrisa blanquísima

La guitarra seguía desafinando pero todos pudimos entender la riqueza de nuestra tristeza, la sabiduría del encuentro, y nuestros oídos envejecieron también y fue una fiesta. EL artista no es su virtuosismo sino su sublime metáfora interior.
Chuck pidió hacer su legendario saltito y dos plomos que estaban por ahí, lo alzaron para que pudiera concretarlo.

Creo que recién esa no
che entendí el poder del arte, su relación con la sinceridad absoluta y su inmortalidad.

Gracias por leerme hasta aquí. Espero haberlos transportado conmigo a esa sabia noche.
Los abrazo y les deseo que vivan una vida plena en cada momento de la existencia.

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